¿Por qué los intendentes deben dejar de aislar sus municipios? 

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Por Bryan J. Mayer. El departamento Castellanos, uno de los territorios productivos más dinámicos de la provincia de Santa Fe y con Rafaela como cabecera, exporta más que toda la provincia de La Rioja. En algunos períodos, incluso, se ubica en niveles similares a Catamarca. Sin embargo, ese peso productivo y comercial, en torno a los 615 millones de dólares anuales, comparable al de provincias enteras, no alcanza todavía para que Rafaela tenga una política sostenida de vinculación internacional. 

Los decisores políticos de la cabecera departamental podrían tomar nota de experiencias cercanas. No hace falta viajar tan lejos. Puede observarse una gran ciudad, como Rosario, y también una más pequeña, como San Justo. Rosario, de hecho, cuenta con una Dirección General de Relaciones Internacionales creada en 1992, con más de tres décadas de recorrido institucional. Estos casos muestran que la internacionalización local no es una excentricidad, sino una política pública posible. Y pudieron avanzar porque, antes que nada, tomaron una decisión básica: crear áreas específicas. 

Como contracara, en muchas localidades del país no existe hoy una estructura específica, jerarquizada y sostenida de vinculación internacional. Lo más parecido suele ser una coordinación, departamento o dirección vinculada al comercio exterior, la producción o el desarrollo económico. Es decir, una estructura que muchas veces termina acompañando o comunicando logros del sector privado, más que generando una estrategia pública propia. En Rafaela, por caso, esa agenda perdió jerarquía institucional con el tiempo y hoy no aparece ordenada en líneas de trabajo sostenidas en el sentido planteado en estas líneas.  

Al destacar los niveles exportadores de la región, lo que queda en evidencia es el motor productivo privado. El principal elemento necesario para sentarse en una mesa con actores extranjeros ya está resuelto: nuestros productores y empresarios son competitivos por sí mismos. Por eso, por ejemplo, ocurren situaciones donde grandes organismos internacionales intentan incluir a Rafaela. Pero no siempre ocurre el movimiento inverso: que sea la propia ciudad la que salga a buscar, ordenar y aprovechar esas oportunidades.  

Si a ese potencial se le suma una política activa desde las oficinas públicas, el impacto podría multiplicarse. En el exterior existen programas, proyectos, organismos, redes de ciudades, universidades y espacios multisectoriales dispuestos a cooperar, invertir, intercambiar conocimiento y generar oportunidades bilaterales o multilaterales. 

Por eso, un equipo profesional dedicado a buscar, sostener y convertir esas oportunidades en resultados concretos puede hacer la diferencia. Mucho más que acumular diagnósticos inconducentes sobre la realidad económica. En muchos casos, cualquier acción de acercamiento será más valiosa que la parálisis que genera el análisis permanente. 

Esto no significa pretender que un municipio reemplace a la Cancillería ni que improvise una política exterior paralela, algo que excede claramente sus competencias formales y sus capacidades reales. Significa entender que las ciudades también compiten, se vinculan, aprenden, exportan, reciben inversiones y construyen reputación. En el mundo actual, la gestión internacional dejó de ser un lujo reservado a las capitales. 

El mundo atraviesa uno de los momentos más desafiantes en términos alimentarios y, al mismo tiempo, observa una disputa por minerales pocas veces vista en la historia reciente. Santa Fe, y nuestra zona en particular, tienen herramientas concretas para ofrecer respuestas a esas demandas: alimentos, conocimiento productivo, innovación, capacidad industrial, universidades, empresas y capital humano. 

Convertir ese potencial en una estrategia internacional puede potenciar nuestras economías regionales y, consecuentemente, ampliar la oferta de empleo para nuestros ciudadanos. En definitiva, internacionalizar un municipio no es viajar más: es abrir mercados, atraer oportunidades y generar mejores condiciones para que los jóvenes no tengan que irse para progresar. Claro que una estrategia reducida al turismo institucional sería tan inútil como no hacer nada.  

Un intendente moderno ya no puede limitarse a administrar servicios básicos: también debe interpretar oportunidades, conectar actores y proyectar a su ciudad más allá de sus límites administrativos. En una época en la que las comunicaciones mundiales son tan alcanzables como las barriales y donde el mercado global demanda cada vez más soluciones locales, la respuesta a la pregunta que titula estas líneas está a la vista: los intendentes deben dejar de aislar sus municipios porque el mundo ya no espera a quienes deciden quedarse quietos.