Thierry Sabine nos dejó hace 39 años. Fue el inventor y creador del Rally Dakar y perdió la vida en un accidente aéreo mientras se trasladaba en el helicóptero de la organización.
Nacido el 13 de junio de 1949 en Neuilly-sur-Seine, ciudad del área metropolitana de París, Sabine creció en una familia acomodada: su padre era dentista y su madre una reconocida anticuaria.
Apasionado por el deporte, se destacó en disciplinas como la hípica y el rugby. En 1973 compitió en el Rally de Montecarlo, coincidiendo con el debut histórico del Campeonato Mundial de Rally, a bordo de un Alpine A110 de 1.600 cc.
En 1975 organizó en una playa la primera edición del Enduro Le Touquet, inspirado en las famosas competencias que se disputaban en los desiertos de los Estados Unidos. Con más de 100.000 asistentes, se convirtió en una de las carreras más relevantes del planeta.
Ese mismo año participó en las 24 Horas de Le Mans, donde finalizó 17°, y en 1976 logró el 13° puesto con un Porsche 911 Carrera. Sin embargo, su gran pasión siempre fueron las motos y el off road.
En 1977 disputó el Rally Abiyán-Niza con una Yamaha XT 500, una exigente travesía que unía Costa de Marfil, en África, con la Costa Azul francesa. La navegación se realizaba sin GPS ni elementos modernos: sólo una brújula, un mapa y la intuición de cada piloto.
Sabine marchaba cuarto en la clasificación general cuando, a mitad de la etapa entre Dirku y Madama, se equivocó de ruta y se internó en una zona arenosa de pequeñas dunas: el desierto de Teneré. Fue encontrado milagrosamente por el equipo de rescate, luego de que Thierry formara una cruz con piedras en el suelo, visible desde el aire.
Tras aquella experiencia afirmó: «El desierto me marcó y desarrolló en mí un instinto y una sensibilidad muy especial, con deseos de volver. Pero jamás lo haré solo».
De regreso a Francia, en 1978, se dedicó de lleno a concretar la “carrera más grande del mundo” que había soñado. A mitad de ese año abrió la inscripción, con un costo de 4,5 francos (aproximadamente un dólar), y organizó la prueba junto a su esposa, la actriz y modelo Diane Thierry-Meg, y un grupo de amigos.
Así nació el París-Dakar, cuya primera edición se largó el 26 de diciembre de 1978 al pie de la Torre Eiffel, con llegada en las playas del Lago Rosa, en Dakar, capital de Senegal. La competencia unía dos continentes y seis países a lo largo de 10.000 kilómetros y 16 días de carrera. Tomaron la salida 90 motos, 80 autos y 12 camiones, y lograron completar el recorrido 74 tripulaciones.
En la edición de 1986, el helicóptero en el que viajaba Sabine quedó envuelto en una tormenta de arena y se estrelló contra una duna, la única en un radio de 150 kilómetros.
En medio de la tormenta, el piloto intentaba seguir las luces de los faros de un automóvil, sin advertir que el vehículo ascendía la duna contra la que, poco después, el helicóptero impactaría. En el accidente fallecieron los cinco ocupantes, todos miembros de la organización.
En el desierto de Teneré existe hoy un árbol con una placa que lleva su nombre, como homenaje, junto a una frase que resume su destino —o paradoja— final: “Thierry Sabine siempre dijo que, si pudiera elegir un lugar donde morir, ese sería el desierto”.




