
La decisión se tomó tras un cuarto intermedio solicitado por el defensor público Aníbal Caula de discutir la medida cautelar de prisión preventiva presentada por la fiscal de Menores Carina Gerbaldo, quien le endilgó una calificación mucho más grave que la de encubrimiento, que se estimaba en un principio.
Este segundo adolescente había sido señalado inicialmente como posible autor del delito de encubrimiento, aunque los investigadores nunca descartaron que se le pudiera atribuir una participación más activa en el hecho. Precisamente, el giro en la calificación jurídica podría estar vinculado a lo que trascendió un día antes.
Es que el gobernador Maximiliano Pullaro y la ministra de Seguridad nacional, Alejandra Monteoliva, brindaron una conferencia de prensa para precisar que la causa de la tragedia de San Cristóbal había tenido «un giro inesperado» al comprobarse que el tirador y el reciente imputado integraban una subcultura digital mundial que hacía apología de casos reales de violencia extrema, sobre todo masacres escolares, denominada True Crime Community (TCC).
San Cristóbal: cómo fue el tiroteo en la escuela Mariano Moreno
El ataque ocurrió en los primeros minutos de la mañana del lunes pasado en la institución educativa ubicada en J. M. Bullo 1402, cuando los estudiantes estaban formados en el patio interno para izar la bandera.
El agresor es un alumno del propio establecimiento, tiene 15 años y cursa tercer año. Ingresó a la escuela con una escopeta escondida en la funda de una guitarra y efectuó entre cuatro y cinco disparos. Uno de ellos impactó de lleno en un adolescente de 13 años, que cursaba primer año en el mismo colegio y murió en el lugar. En el episodio también resultaron heridos otros ocho menores.
La situación fue controlada por la intervención de un asistente escolar, que se abalanzó sobre el atacante y logró quitarle la escopeta. Después de eso, el adolescente fue detenido por la Policía, mientras la escuela era evacuada de inmediato y la zona quedaba acordonada.
El episodio de violencia extrema sacudió a una ciudad de unos 15 mil habitantes, ubicada a 179 kilómetros al norte de la capital provincial. La magnitud del hecho provocó una conmoción profunda no solo en la comunidad educativa, sino en toda la localidad, que quedó enfrentada a uno de los episodios más trágicos de su historia reciente.
Dentro y fuera de la escuela, la desesperación dominó la escena. Docentes, alumnos y familiares que se acercaron al lugar quedaron envueltos en un operativo policial y de emergencias de gran despliegue, montado de inmediato tras el ataque. (La Capital)



