¿Por qué Estados Unidos está invirtiendo la pirámide alimentaria?

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El debate entre científicos y responsables políticos muestra que el enfoque coloca los alimentos reales, naturales y mínimamente procesados en el centro, con similitudes con la Dieta Mediterránea

La nueva Guía Alimentaria para los Estadounidenses (DGAs) 2025-2030 fue uno de los temas más comentados en los círculos de alimentación y nutrición. La pirámide alimentaria fue invertida, colocando a las proteínas (junto con la carne) en la base y los carbohidratos en la parte superior, generando debate entre los actores científicos y políticos.

El problema no es la carne, sino los ultraprocesados
Las nuevas directrices reconocen que el problema no es la carne ni las grasas animales, sino un sistema alimentario dominado por productos ultraprocesados, azúcares añadidos, carbohidratos refinados, bebidas azucaradas y snacks dulces o salados, que hoy representan la mayoría de las calorías consumidas en EE UU, Reino Unido y Australia. La recomendación es reducir los alimentos altamente procesados, que constituyen un desafío para la salud pública.

“Come comida real” es un mensaje inequívoco: priorizar alimentos reales y reconocibles, reduciendo la dependencia de sustitutos industriales ultra procesados ricos en aditivos. En la base de la pirámide invertida se encuentran los componentes considerados fundamentales para una dieta más equilibrada: proteínas de diversas fuentes, lácteos enteros, grasas saludables y alimentos integrales, acompañados de frutas y verduras. En esta nueva estructura, las proteínas animales desempeñan un papel central debido a sus beneficios probados: mayor saciedad, mantenimiento de masa muscular, soporte metabólico, entre otros.

Las grasas saturadas se convirtieron en saludables
Un aspecto relevante es el abandono de la demonización explícita de los alimentos de origen animal y las grasas saturadas. La carne, el pescado, los huevos y los lácteos se presentan como opciones saludables dentro de un patrón dietético equilibrado. Del mismo modo, las grasas antes consideradas “problemáticas”, como la mantequilla y la grasa de res, ya no se excluyen por completo, sino que se incluyen entre las “grasas saludables” como alternativas naturales que pueden usarse moderadamente dentro de una dieta de alta calidad.

Las Guías Alimentarias de EE UU reconocen la importancia de reconstruir comidas estructuradas y satisfactorias basadas en alimentos reconocibles. La presencia de alimentos y grasas de origen animal recuerda las características de la Dieta Mediterránea, donde esos productos siempre han estado bien representados.

Similar a la Dieta Mediterránea pero con matices
Un examen más detallado de las porciones recomendadas de carne, pescado, huevos y lácteos en EE UU revela que coinciden estrechamente con la ingesta tradicional de las poblaciones mediterráneas: consumo regular pero moderado dentro de una dieta variada y rica en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos. No se trata de una revolución dietética, sino de una alineación tardía con un modelo de larga data.

La pirámide alimentaria invertida señala un cambio respecto a décadas de estrategias centradas en nutrientes y restricciones, cuyo fracaso se refleja en la actual crisis metabólica estadounidense. También aumentará el rigor científico de las directrices, ya que por primera vez se distinguen claramente la evidencia experimental sólida y las simples asociaciones estadísticas. La nueva dirección parece un paso significativo hacia una población más sana.

Los cambios socioeconómicos y la “occidentalización” de las dietas están impulsando un aumento progresivo en países europeos, donde los snacks envasados, las bebidas azucaradas, la comida rápida y las comidas preparadas se volvieron fácilmente accesibles. El debate sobre las directrices alimentarias continuará, pero la fiabilidad y el rigor científico deben seguir siendo la base.

Fuente: Revista Frisona Española