Estrés hídrico y calor: la campaña gruesa enfrenta su primer gran test

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La campaña gruesa avanza bajo un escenario climático dispar y con crecientes señales de alerta sobre el estado de los cultivos. El estrés hídrico y los recientes golpes de calor comienzan a abrir la puerta a pérdidas de rendimiento en maíz de primera y soja, con especial preocupación por los planteos de segunda y tardíos, que hoy concentran el mayor riesgo productivo en el sur de Santa Fe.

“La situación es muy distinta según la zona y depende directamente de las lluvias que recibió cada región”, explicó el ingeniero agrónomo Diego Buschittari, coordinador del Departamento Técnico de Agricultores Federados Argentinos (AFA).

En líneas generales, el maíz de primera, que venía mostrando un potencial elevado, sufrió el impacto combinado de las altas temperaturas y la falta de agua durante la etapa final de llenado de granos. En este contexto, ya se proyectan pérdidas de rendimiento del orden del 10%, un ajuste significativo para un cultivo que se perfilaba como uno de los pilares de la campaña.

La disparidad climática se vuelve evidente al comparar regiones. Hacia el norte de la provincia, en la franja comprendida entre las rutas 9 y 19, a la altura de localidades como Cañada Rosquín y Las Rosas, las lluvias fueron más generosas y permitieron sostener un buen estado general de los cultivos, en particular de las siembras de primera. Allí, si bien los planteos de segunda muestran algunos síntomas de estrés, la situación se mantiene dentro de parámetros considerados normales.

El panorama cambia de manera drástica hacia el sur santafesino. En zonas como Casilda, Bigand y Firmat, las precipitaciones fueron erráticas y escasas desde fines de diciembre, con registros aislados que no superaron los 6 milímetros. Esa falta de agua ya comienza a traducirse en una pérdida concreta de potencial tanto en maíz como en soja. En el cultivo temprano, la merma también ronda el 10%, mientras que la soja de primera ingresa ahora en el período de llenado de grano, una fase crítica para la definición del rinde.

“Todavía tiene buen aspecto, pero si no hay una lluvia cercana las pérdidas pueden ser importantes”, advirtió Buschittari.

Los planteos de segunda, en el foco de la preocupación

La mayor inquietud se concentra en los cultivos de segunda. En el sur de la provincia, la combinación de altas temperaturas, elevada demanda ambiental y escasa disponibilidad hídrica deja a muchos lotes al borde de pérdidas totales. El riesgo es mayor en suelos de menor productividad o en aquellos que llegaron al verano con bajas reservas de agua.

Las sojas implantadas sobre trigo aparecen entre las más comprometidas, ya que el cultivo invernal consumió buena parte del perfil hídrico. Una situación similar atraviesan los maíces tardíos y de segunda, que apenas logran recuperarse durante la noche y vuelven a sufrir estrés severo durante el día. “Si no llueve en los próximos días, hay chances concretas de perder lotes completos”, alertó el técnico de AFA.

El contraste aparece en el sudeste de Córdoba, particularmente en la zona de Marcos Juárez, donde los cultivos se mantienen dentro de parámetros normales, aunque los planteos de segunda también comienzan a mostrar señales de estrés. En la comparación con la campaña pasada, Buschittari señaló que enero volvió a mostrar una dinámica seca, aunque con una diferencia clave: este año los perfiles de suelo arrancaron con mayor humedad acumulada. Esa reserva permite amortiguar el impacto, aunque la incertidumbre sigue centrada en cuándo llegará la próxima lluvia.

La mirada del gobierno provincial

En paralelo a este diagnóstico técnico, desde el gobierno de Santa Fe trazan un panorama más alentador a escala general. El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Ignacio Mántaras, sostuvo que, en términos climáticos, el año se perfila como uno de los más interesantes de los últimos ciclos. Tras varios períodos marcados por sequías severas, especialmente en el centro-norte provincial, los perfiles de humedad se presentan en buenas condiciones en gran parte del territorio.

Esa mejora se reflejó en una campaña triguera con rindes destacados y en una base sólida para los cultivos de verano. “El dato clave para nosotros es el maíz, que va camino a ser una campaña histórica en área sembrada y probablemente también en producción”, afirmó Mántaras. A diferencia de otras provincias, destacó, Santa Fe logró sostener buenos niveles de humedad gracias a una primavera favorable y a un inicio de año con lluvias relativamente frecuentes. En ese marco, la soja también muestra un desarrollo auspicioso, con excepción del norte y noroeste provincial.

Soja y maíz en Santa Fe

El departamento 9 de Julio continúa siendo el punto más crítico del mapa santafesino. Allí, la persistencia de condiciones adversas obligó a prorrogar la declaración de emergencia y desastre pecuario. Entre 2022 y 2024, la región perdió cerca del 25% de su stock ganadero, principalmente por traslados hacia otras zonas, mientras que en agricultura la superficie sembrada cayó alrededor de un 30% como consecuencia de la sequía. Frente a este escenario, la provincia analiza líneas de financiamiento para recomponer el rodeo y recuperar capacidad productiva.

Más allá de las asimetrías regionales, Mántaras subrayó un cambio de fondo en el ánimo del productor. Tras varios años de sequía, la recurrencia de lluvias cada diez días generó un mayor horizonte de previsibilidad, que se traduce en decisiones de inversión. “El productor santafesino es ambicioso en el buen sentido: si el clima acompaña, invierte, y eso se refleja en producción”, resumió.