Del Mundial a Rafaela: la oportunidad empieza cuando terminan los juegos

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Estamos todos mal dormidos, y eso que el juego del Mundial de Fútbol, en los países de América Norte es más benévolo con los horarios para Argentina, que para Europa, Asia y Oceanía. Es que, en este mundo globalizado, millones de personas se la pasan discutiendo goles, tácticas y candidatos al título, pero mientras tanto, el Mundial está dejando otra competencia, mucho menos visible pero igual de apasionante: la de la economía.

Los grandes eventos deportivos son verdaderos laboratorios económicos. Y, aunque parezca exagerado comparar un Mundial con los Juegos Suramericanos ODESUR que este año llegarán a Rafaela, salvando las enormes distancias entre ambos acontecimientos, existen enseñanzas que vale la pena observar y tratar de aprovechar.

Comencemos con una curiosidad. Este Mundial está batiendo récords de asistencia y de consumo. Millones de personas viajaron para acompañar a sus selecciones y, como ocurre siempre, el gran negocio no está solamente dentro de los estadios. Hoteles, restaurantes, transporte, comercios, aplicaciones de movilidad, alquileres temporarios y cientos de pequeños emprendimientos están viviendo un movimiento económico extraordinario.

Otra curiosidad sorprendente es que algunos de los objetos más buscados por los fanáticos ni siquiera se venden oficialmente. Una simple pulsera promocional entregada gratuitamente por un patrocinador terminó convirtiéndose en objeto de colección y comenzó a revenderse por cientos de dólares. Una demostración más de que, en economía, muchas veces el valor no está en el costo de fabricación sino en la escasez, la moda y la percepción de quien compra.

Además, simplemente observando la tele, podemos ver esa plaga de hinchas argentinos, pero también escoceses, nórdicos y de cada selección, que aparecen cantando y llevándose los vasos que se venden en el estadio a altos valores con gaseosas y cervezas, pero decorados con el logo del mundial y datados con el día de ese partido y con las selecciones intervinientes. Nos es como los japoneses que recogen gentil y educadamente la basura, sino que recolectan los vasos usados como recuerdo para llevar a sus países, dándole valor a lo desechable.

También resulta interesante observar que este Mundial es uno de los que menos estadios nuevos necesitó construir. Estados Unidos, México y Canadá aprovecharon infraestructura existente, reduciendo inversiones gigantescas y evitando los llamados «elefantes blancos»: obras que cuestan fortunas y luego quedan prácticamente sin utilización.

Y aquí aparece una de las principales lecciones para Rafaela.

Los Juegos ODESUR representan una oportunidad histórica para la ciudad. La construcción del microestadio multipropósito, el velódromo, la pista de BMX, el skatepark y la Villa Suramericana no deberían pensarse únicamente para los días de competencia. El verdadero desafío será que esas inversiones continúen generando actividad deportiva, cultural, educativa y económica durante muchos años.

Los economistas suelen coincidir en otra idea que el Mundial vuelve a confirmar: el éxito de un evento deportivo no se mide únicamente por el dinero que ingresa durante la competencia. De hecho, gran parte de los ingresos por derechos televisivos, publicidad y patrocinios quedan en manos de la FIFA. El beneficio para las ciudades anfitrionas aparece, sobre todo, en el turismo, la gastronomía, el comercio y los servicios.

La pregunta que vale hacerse entonces es sencilla: ¿qué ocurrirá en Rafaela cuando finalicen los Juegos?

Si las nuevas instalaciones se utilizan intensamente, si atraen nuevas competencias, congresos, espectáculos y visitantes, la inversión habrá valido mucho más que las medallas obtenidas. Si, por el contrario, permanecen subutilizadas, el impacto económico será mucho menor.

Existe además otra enseñanza silenciosa que deja este Mundial. Cada visitante que llega moviliza una enorme cadena de valor: desde quien alquila un departamento hasta el taxista, el kiosquero, la cafetería de barrio o el supermercado. Los grandes eventos distribuyen ingresos entre cientos de actividades que, a simple vista, parecen no tener ninguna relación con el deporte.

Rafaela tiene una ventaja importante. Posee experiencia organizando eventos nacionales e internacionales, una identidad productiva reconocida y una comunidad acostumbrada a trabajar de manera conjunta entre el sector público y el privado. Los Juegos ODESUR pueden transformarse en una vidriera para mostrar mucho más que instalaciones deportivas: pueden mostrar una ciudad capaz de organizar, recibir inversiones y proyectarse al mundo.

El Mundial nos recuerda que el deporte mueve emociones. Pero también mueve inversiones, empleo, turismo y consumo.
Quizás la mejor medalla que pueda ganar Rafaela no sea de oro, plata o bronce.

Será que, cuando se apaguen las luces de la ceremonia de clausura, la ciudad siga creciendo gracias a las oportunidades que sus ciudadanos supieron construir alrededor de un nuevo evento deportivo.

#BuenaSaludFinanciera @ElcontadorB @GuilleBriggiler