Entre actas y memoria: el origen de los primeros rafaelinos

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Hay historias que parecen pequeñas, pero en realidad dicen mucho más de lo que aparentan. Como la de los primeros nacimientos en Rafaela, que durante años circularon entre relatos familiares y memoria oral, hasta que una investigación reciente vino a ponerle fecha, nombres… y algunas sorpresas.

Ítalo Casina, vicepresidente en Argentina de la Unión de Cónsules Honorarios de Italia, contó en diálogo con REC Rafaela 92.1 cómo lograron reconstruir ese capítulo inicial de la ciudad a partir de documentos originales. “Es una linda historia que tuvimos oportunidad de reconstruir con documentación que confirma lo que en su momento se decía”, explicó.

El punto de partida fue lo que ya había señalado la historiadora Adelina Bianchi de Terragni: que la primera niña nacida en la colonia fue una Beltramino, en abril de 1882. Pero al ir a las actas, apareció un detalle inesperado: no era una sola.

En realidad, se trataba de mellizas. Ambas nacieron el 17 de abril de 1882 y fueron anotadas el mismo día en Pilar. “Lo que encontramos es que eran dos niñas, mellizas, anotadas juntas”, precisó Casina. De una de ellas no hay registros posteriores, por lo que se presume que falleció siendo muy pequeña.

Pero la historia suma otra vuelta más: ni siquiera fueron las primeras criaturas en nacer en Rafaela. Según la documentación hallada, el primer nacimiento corresponde a un varón, Gaudencio Mainardi, el 29 de febrero de 1882, apenas semanas antes que las mellizas Beltramino.

¿Por qué no las anotaban en Rafaela?

Para entender por qué estos nacimientos figuran en otra localidad, hay que situarse en la Rafaela de comienzos de la década de 1880. La colonia recién se estaba formando, con familias instalándose en ranchos y sin infraestructura básica. No había iglesia —recién se construiría una capilla hacia 1886—, por lo que los registros no se hacían en la ciudad.

El destino era Pilar, a unos 25 kilómetros, donde sí existía una parroquia. “No iban a anotarlos enseguida; a veces pasaban dos, tres o hasta cuatro meses hasta que los llevaban”, detalló Casina. En ese entonces, el bautismo funcionaba como documento oficial de nacimiento, ya que el Registro Civil en Santa Fe recién se creó en 1899.

En esa trama, hay una figura que se vuelve clave: el cura Raffaelli, encargado de llevar las actas en Pilar. Su minuciosidad resulta hoy invaluable. “Hay que hacerle un reconocimiento enorme, porque las actas son muy completas”, destacó el investigador, subrayando que incluso se consignaban los pueblos de origen en Italia de las familias.

Ese trabajo meticuloso es el que hoy permite avanzar más allá de los relatos orales. Mientras que la obra de Adelina Bianchi de Terrani sigue siendo una referencia ineludible, la investigación reciente se apoyó exclusivamente en fuentes escritas, con búsquedas en archivos locales, parroquiales y también en Italia.