

La segunda mitad de febrero marcó un punto de inflexión para el régimen hídrico de la región núcleo. En apenas siete días se acumularon en promedio 64 milímetros, con registros que superaron los 60 mm en amplias zonas y picos que rondaron los 100 mm en sectores puntuales. Sin embargo, el alivio llegó acompañado de tormentas de gran intensidad, con ráfagas y caída de granizo que afectaron unas 400.000 hectáreas, relató el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. Agua bendita para algunos, y maldita para otros.
Las precipitaciones de las 24 horas previas del jueves 19 dejaron acumulados incluso superiores a los del fin de semana largo, aunque con una distribución más concentrada, precisaron desde la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR. En el noroeste de la región, especialmente en el sudeste cordobés, se registraron marcas sobresalientes: Idiazábal acumuló 98 mm, Bengolea 87 mm y Bell Ville 84 mm. En el noreste, Montes de Oca reportó 90 mm.
Según explicó el consultor Alfredo Elorriaga, el cambio de quincena permitió el desplazamiento hacia el este del sistema de alta presión semiestacionario que venía bloqueando el ingreso de precipitaciones. El ingreso de aire cálido y húmedo del norte chocó con una masa de aire frío proveniente del sudoeste patagónico, generando un fuerte contraste térmico que derivó en tormentas de gran violencia.
La Bolsa advirtió que la inestabilidad continuará durante los próximos días. Desde este sábado 21 se prevén chaparrones aislados e intermitentes hasta el lunes 23, lo que podría seguir sumando milímetros en una etapa crítica para la definición de rindes de la soja.
Impacto en los cultivos
El fenómeno dejó un saldo dispar. Allí donde las lluvias fueron más abundantes también se registraron los mayores daños. El núcleo más severo abarcó el centro-sur santafesino y el sudeste cordobés, en un corredor que va desde Armstrong y Tortugas hasta General Roca e Inriville. En esas zonas se reportaron caída de vainas y deshojado en soja, mientras que en maíz se observaron desgrane, pérdida de espigas y quebrado de plantas. En los casos más extremos, el granizo arrasó lotes completos.
La magnitud definitiva de las pérdidas comenzará a dimensionarse en los próximos días, ya que los elevados acumulados y los caminos anegados dificultan el ingreso a los campos para realizar evaluaciones precisas.
En términos productivos, el agua llegó tarde para revertir completamente los daños causados por la sequía —en algunas áreas el potencial de rinde ya había caído hasta 40%—, pero logró frenar el deterioro de la soja de primera. En localidades del sur santafesino como Acebal, técnicos señalaron que las lluvias permiten sostener el cultivo y alejar el escenario de sequía total. De continuar las precipitaciones, los rindes podrían ubicarse entre 30 y 35 quintales por hectárea, aunque dependerán del llenado de grano.
En otras zonas como Sanford, los daños previos redujeron expectativas desde 50 a unos 30 qq/ha. Entre Villa Amelia y Fuentes se estiman techos cercanos a 30 quintales, mientras que en el norte bonaerense, entre San Pedro y Baradero, se evaluará en los próximos días el impacto final tras la pérdida de hojas basales y flores.
Qué pasa con al soja
Tras las lluvias, el área en condición regular a mala cayó del 12% al 5% en una semana. Actualmente, el 30% de los lotes presenta condición buena, el 55% muy buena y el 10% excelente. El 70% del cultivo está en etapa de formación de grano y el 30% en fructificación. En zonas como Totoras se esperan rindes en torno a los 40 qq/ha, mientras que en María Susana persisten secuelas de la falta de agua, con disparidad en el tamaño de chauchas y granos. En Pergamino destacan la recuperación, aunque advierten que el área al norte de la Ruta 8 necesitará nuevos aportes para consolidar la mejora.
Más compleja es la situación de la soja de segunda. Las lluvias comenzaron a llegar hace apenas una semana a las áreas más castigadas, pero el cultivo arrastra entrenudos cortos, manchoneo, envejecimiento y cuadros directamente perdidos. A nivel regional ya se contabilizaban 71.000 hectáreas sin posibilidad de recuperación. El agua frena el deterioro, aunque ahora deberá medirse el impacto del viento y el granizo, especialmente en la franja noroeste.
En el centro-sur santafesino y el noreste bonaerense, aun en el mejor escenario los rindes difícilmente superen los 25 qq/ha, con pisos de 18 quintales según el lote. Más hacia el oeste, en el área de Corral de Bustos, las proyecciones promedian 15 qq/ha. En general, las zonas mejor posicionadas esperan entre 20 y 30 quintales, mientras que en las más castigadas los promedios oscilan entre 15 y 20.



