Cada 2 de abril, Argentina frena por un momento y mira hacia atrás. No es un feriado más, ya que se trata de una jornada atravesada por memoria, reconocimiento y también por debates que siguen abiertos. La fecha conecta historia reciente, política y experiencias personales que todavía laten, se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas.
El homenaje apunta a los excombatientes y a quienes murieron durante el conflicto bélico. Pero también funciona como recordatorio de una guerra que dejó marcas profundas en la sociedad. En muchas ciudades, la vigilia del 1° de abril se vuelve un punto de encuentro donde la emoción está a flor de piel.
A más de cuatro décadas, el significado del día no es estático. Cambió con el tiempo, con el regreso de la democracia y con el lugar que fueron ganando los veteranos en el espacio público. Aun así, hay algo que se mantiene: la necesidad de recordar lo ocurrido y ponerle nombre a esa historia.
2 de abril, el inicio de la Guerra de Malvinas
El 2 de abril de 1982 comenzó la Guerra de Malvinas, cuando fuerzas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas con el objetivo de recuperar el control del territorio, ocupado por el Reino Unido desde el siglo XIX. La operación inicial fue rápida, pero el conflicto escaló en pocos días. El Reino Unido respondió con el envío de una fuerza militar que derivó en enfrentamientos navales, aéreos y terrestres durante más de dos meses.
La guerra finalizó el 14 de junio de 1982, con la rendición argentina. El saldo fue alto: murieron 649 argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños. Detrás de esas cifras hay historias individuales, muchas de ellas marcadas por la juventud de los soldados y por condiciones extremas en combate.
El contexto de dictadura en Argentina, las decisiones militares y la preparación de las tropas forman parte de un análisis que no es lineal. La memoria del conflicto mezcla reconocimiento, crítica y dolor, todo al mismo tiempo.
Desde cuándo se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas
La conmemoración del 2 de abril se institucionalizó años después del conflicto. Durante un tiempo, la fecha no tuvo el lugar central que ocupa hoy. Fue recién con el regreso de la democracia que comenzó a instalarse con más fuerza en la agenda pública.
En 2000, el Congreso argentino estableció oficialmente el “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas” como feriado nacional inamovible. Ese paso marcó un reconocimiento formal hacia los excombatientes, que durante años reclamaron visibilidad y apoyo. Desde entonces, la fecha combina actos oficiales, homenajes en escuelas y actividades organizadas por agrupaciones de veteranos. En muchas localidades, los monumentos a los caídos se convierten en puntos centrales de encuentro.
La recordada maniobra de Owen Crippa
Inevitablemente si hablamos de Malvinas, como sunchalenses, pensamos en Owen Guillermo Crippa quien es mucho más que un nombre en los libros de historia; para nosotros es el vecino que camina por nuestras calles y representa uno de los actos de mayor audacia en la aviación mundial. Aunque nació en Sarmiento, su vínculo con Sunchales lo ha convertido en un referente local que, a sus 75 años, sigue transmitiendo con humildad una hazaña que marcó por su precisión técnica y su coraje desmedido.
El 21 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas, Crippa protagonizó un suceso sin precedentes. Al mando de un pequeño avión de entrenamiento Aermacchi, se encontró de repente frente a la imponente flota británica que realizaba el desembarco en el Estrecho de San Carlos. Lejos de retirarse ante la abismal diferencia de fuerzas, decidió lanzarse al ataque en solitario contra la fragata HMS Argonaut, descargando sus cohetes y cañones sobre la estructura del buque para intentar inhabilitar sus sistemas de comunicación y radares.
Lo que verdaderamente lo convirtió en leyenda fue su maniobra de escape. Al verse rodeado por catorce navíos enemigos, entendió que volar hacia el mar abierto lo convertiría en un blanco fácil para los misiles. En una decisión instintiva y brillante, decidió «plancharse» sobre el agua y volar en zigzag entre las propias naves británicas. Esta táctica impidió que los artilleros ingleses pudieran dispararle, ya que, si lo hacían, corrían el riesgo de impactar contra sus propios barcos. Mientras realizaba estas maniobras evasivas a escasos metros de la superficie, se tomó el trabajo de observar y memorizar la posición de cada buque para luego informar con exactitud la ubicación de la flota.
Hoy, ese espíritu de entrega continúa vigente en su labor diaria dentro de nuestra comunidad. Su compromiso actual se centra en la preservación de la memoria histórica, habiendo liderado una gesta civil para recuperar el avión original con el que combatió. El proyecto de crear un espacio donde se pueda exhibir esta aeronave no es solo un homenaje a su persona, sino un regalo para la identidad de nuestra región, recordándonos que entre nosotros vive un hombre que, con astucia y valor, desafió a toda una flota para defender lo que consideraba justo. (Meridiano Digital)






